Una caseta mallorquina convertida en una casita muy cuca con unas parades muy anchas y una estructura arquitectónica propia de la isla, a cuyo/a propietario/a se le ha olvidado arreglar lo que se rompe o no funciona. La ha amueblado con objetos que le sobran o que ha encontrado en contenedores. Los cojines de las dos hamacas estan guaaaaarros. Las toallas están transparentes de tanto uso. La cristalería es escasa y está destartalada y, si lo llego a saber, le traigo vasos de nocilla y de la mayonesa y se los dejo de regalo, así, como una vajilla de cuando me casé que tampoco uso. Aunque está al lado del mar, el aire no es fresco porque procede de la superfície de la tíerra caliente de alrededor que cae encima del agua de la playa formando unas hondas preciosas, pero lo único que refresca en la casa son dos tristes ventiladores. Las camas son pequeñas y los dormitorios espartanos. No hay lavadora ni secadora. La TV solo en alemán. En fin, que lo único que realmente vale de esa casa es la estructura y las vistas espectaculares.